El Bordo en Tijuana: túneles pluviales, vulnerabilidad y atención humanitaria

Canalización pluvial de El Bordo en Tijuana con equipo de atención humanitaria visible desde un punto seguro.

Bajo la canalización del Río Tijuana existe una infraestructura de desagüe que, de acuerdo con un reportaje de campo, se ha convertido en refugio temporal para personas deportadas, personas sin vivienda y consumidores de sustancias. El espacio, conocido popularmente como El Bordo, reúne riesgos hidráulicos y sanitarios que requieren una respuesta humanitaria.

Los pasadizos son conductos estrechos diseñados para conducir agua, no para habitarse. Su altura aproximada y la falta de ventilación, luz y servicios básicos hacen que cualquier permanencia prolongada aumente la vulnerabilidad de quienes buscan refugio en el interior.

El reportaje documenta tramos que se extienden hacia las inmediaciones de la frontera. Las condiciones cambian según el punto, la temporada y el flujo de agua, por lo que ingresar sin personal especializado puede resultar peligroso para visitantes, periodistas y curiosos.

Uno de los riesgos más graves es la lluvia. Una precipitación intensa puede elevar el nivel del agua en poco tiempo y dejar atrapadas a personas que se encuentran dentro de los conductos. Por esa razón, los equipos de apoyo deben revisar las condiciones meteorológicas y mantener rutas de salida antes de entrar.

Brigadas de paramédicos y personal de apoyo citados en el reportaje describen problemas de salud asociados con el hacinamiento, el contacto con aguas residuales, heridas y falta de atención médica continua. Las referencias a enfermedades deben ser confirmadas por autoridades sanitarias y no deben utilizarse para estigmatizar a toda la población que vive en situación de calle.

Las picaduras, infecciones y lesiones pueden agravarse cuando no existen agua limpia, curaciones, medicamentos ni espacios para descansar. La intervención de las brigadas se enfoca en primeros auxilios, canalización y atención de emergencias, pero no sustituye una red permanente de salud y protección social.

Entre los testimonios del reportaje aparecen personas que llegaron a los ductos después de procesos de deportación, pérdidas familiares, problemas de salud o consumo problemático de sustancias. Sus historias muestran que la permanencia en El Bordo no puede explicarse por una sola causa.

Algunos sectores han sido adaptados con cortinas, separaciones y conexiones eléctricas improvisadas. Estas modificaciones pueden generar una sensación de estabilidad, pero también aumentan el riesgo de incendio, electrocución y bloqueo de los accesos cuando ocurre una emergencia.

El trabajo de las organizaciones comunitarias permite entregar curaciones, agua, alimentos y orientación. Para que esa labor sea sostenible se requiere coordinación con servicios de emergencia, salud pública, autoridades municipales y programas de reintegración para personas deportadas o sin vivienda.

La cobertura periodística de estos espacios debe proteger la identidad y dignidad de las personas. Evitar rostros identificables, no publicar ubicaciones exactas de campamentos y no convertir la precariedad en espectáculo son criterios indispensables para informar sin poner a nadie en mayor riesgo.

El Bordo recuerda que la infraestructura urbana también puede convertirse en refugio cuando fallan las redes de vivienda, salud y atención migratoria. La respuesta más eficaz no consiste en explorar los túneles, sino en reducir las condiciones que obligan a las personas a vivir en ellos y mantener una atención humanitaria constante.

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